La bolsita verde de terciopelo

cropped-bolsita1.pngUn día encontramos una bolsita verde de terciopelo entre las cosas olvidadas del cajón de mi abuelo, en la finca cafetera de mi familia, Liberia. En la bolsita estaban los nombres María Antonia (mi hermana), Miguel Antonio (mi primo) y Julián Santiago (yo) escritos a lápiz en pequeñas tiras de papel, junto con dos medallitas de vírgenes o santos.

Mi abuelo, Luis Bernal Arango, murió el 3 de junio de 2009 después de una fractura de fémur, luego de haber vivido sus últimos años envuelto en el olvido. El Alzheimer lo había dejado estático, con la mirada ida, sentado en el sofá de la casa de mis tías, Fanny y Alba Nelfy Bernal, después de una vida altiva de café, aguardiente, libros y fútbol.

Los recuerdos se le fueron yendo de a poco, como el goteo del agua. Algunos se quedaron rezagados y salían espontáneos por la lucidez inesperada. Otros se conservan en las voces de quienes vivieron muchos años con él.

¿Por qué mi abuelo dejó esta bolsita entre sus cosas?

¿Por qué antes no nos la había dado?

¿Quería que la halláramos dispuesta como una sorpresa?

Lo único que logro comprender de esto es que la bolsita es un símbolo del cuidado. Mi abuelo dejó nuestros nombres protegidos por la suavidad del terciopelo, a la vera de las efigies de santos que ahora no están.

Conservo esa bolsita como un tesoro de otra época, como un cajón que abro hacia mí mismo.